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Escritores, pintores y escultores han obedecido las leyes de la naturaleza por siglos. Descubre cómo.

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El escultor Anish Kapoor quería ser ingeniero originalmente. En la foto, su obra “Cloud Gate”.

Para muchos, arte y matemáticas parecen ser sinónimo de agua y aceite. El primero es el dominio de la expresión emocional, la pasión y la estética. El segundo, un mundo de lógica férrea, precisión y verdad.

Sin embargo, si arañamos la superficie de estos estereotipos uno descubre que los dos mundos tienen mucho más en común de lo que se podría esperar.

La música es probablemente la disciplina artística que tradicionalmente ha resonado más estrechamente en el mundo de las matemáticas.

Como dijo el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz una vez: “La música es el placer que experimenta la mente humana de contar sin ser consciente de que está contando”.

Sin embargo, esa conexión es mucho más profunda.

Las mismas notas a las que respondemos como armónicas tienen un fundamento matemático, como descubrió el famoso Pitágoras. Y las estructuras matemáticas también influyen en la arquitectura de la composición.

Secuencias matemáticas en la música

Tomemos el “Cuarteto para el fin de los tiempos”, del compositor del siglo XX Olivier Messiaen.

En esta pieza, Messiaen crea una extraordinaria sensación de tensión mediante el empleo de una de las secuencias más importantes de números en los libros de matemáticas: los números primos.

En el movimiento de apertura, Messiaen utiliza los números indivisibles 17 y 29 para crear una sensación de tiempo sin fin.

Si nos fijamos en la parte de piano, encontraremos una secuencia rítmica de 17 notas repetidas una y otra vez -pero la secuencia de acordes en la parte superior de este ritmo consta de 29. De modo que cuando el ritmo de las 17 notas comienza por segunda vez, los acordes llegan hasta cerca de dos tercios de la pieza durante esa secuencia.

El efecto de la decisión de usar los números primos 17 y 29 es que las secuencias rítmicas y los acordes no se repetirán hasta 17 veces y 29 notas a través de la pieza, y para entonces el movimiento ha terminado.

Lo interesante para mí es que la atracción del músico y del matemático por los números primos para mantener crear falta de sincronización se puede encontrar en el mundo natural.

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FUENTE: BBC Mundo

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